Después de un otoño primaveral, por fin llegan llegan las primeras lluvias. Da gusto respirar ahora. Da gusto esperar al lado de la ventana viendo llover, mirando las gotas del cristal y deseando que pare para ir a jugar con los charcos.

Estaba deseando tener esas largas tardes otoñales en casa, poder montar el “castillo de la lectura” con mi hija y meternos dentro a leer, imaginarnos en otros lugares e inventarnos historias.

Y…. charlar, poder tener esas conversaciones en las que tanto aprendemos uno del otro.

Poder conocernos bien, tener esa cercanía física tan necesaria, recobrar fuerzas para, cuando vuelva el sol, poder salir a correr, a jugar, a explorar, a seguir aprendiendo.

Te quiero, hija.

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